sábado, 19 de enero de 2013

Porqué Jacarandá.

La centenaria vigorosidad del Bosque Lussich, lindero en más de 100 metros, baña la terraza, que invita en las nochecitas de verano, a tomar una copa de champagne, escuchando a Rosa Pasos (disco que esta en la disquera, al lado del equipo a vuestra disposición, también debería haber una botella de champagne en la heladera)
Este bosque será llamado por su nombre,  Don Antonio.

La seducción que se siente cuando uno se baja del auto, se sostiene en la dulzura y timidez de la casa y las guirnaldas de diferentes texturas, aromas y colores, que la alhajan como en una pintura de Gauguin, en todo su alrededor.
Esta niña de ojos verdes es Jacarandá.

Ella, te va a seducir,  ó el,  o su juego erótico a la luz de la luna.



Instrucciones de uso.

Preferentemente llegar un rato antes del anochecer y despacio, dejar los apuros y los problemas  en la portera.
Bajar del auto y respirar, varias veces haciéndole notar al bosque que son amigos.
Entrar e inmediatamente desconectar la alarma, el sonido de la estúpida sirena, podría asustar a Jacarandá,  a quien no le gusta sobresaltarse de su lúdica siesta.
Al entrar hay que saludar a las Princesas, dándoles tiempo a que se vuelvan a acomodar en sus marcos.
Prender lentamente las luces, dejándola desperezarse.
Abrir las cortinas que dan a la terraza  y las ventanas de par en par  (omitir segundo paso en caso de ser invierno).
Dejar las valijas por ahí.
Agarrar dos copas y la botellas de champagne y brindar con Jacarandá y Don Antonio.